El crack brasileño no tuvo compasión con su hijo y le gastó la popular broma pesada del huevo lanzándole varias pelotas de ping pong para que el pequeño las cabeceara y las embocara en una canasta, pero en el último tiro no le aventó una pelotita sino un huevo.
Obviamente por su inocencia cayó en la broma y terminó con el pelo sucio, mientras que Ney explotó de risa.
El fútbol suele describirse con el lenguaje de las emociones: pasión desbordada, tensión insoportable, euforia…
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