Hay un gol que todo colombiano mayor de cuarenta años puede describir con los ojos cerrados. Es el de Freddy Rincón contra Alemania Federal en el minuto 94 de aquel partido de Italia 90 donde la selección del Pibe Valderrama logró empatar 1-1 contra el equipo que terminaría levantando la Copa del Mundo gracias a una jugada colectiva que arrancó con Leonel Álvarez y pasó por Fajardo y por Valderrama hasta que Rincón la empujó al fondo de la red. Las calles de Bogotá y Medellín y Cali y Barranquilla explotaron esa noche como si fuera gol de final porque para Colombia aquel empate contra los alemanes significaba que el fútbol cafetero podía pararse frente a los mejores del planeta y mirarlos a los ojos sin complejo ninguno. Habían pasado 28 años sin pisar un Mundial desde el debut en Chile 62 donde Marcos Coll había metido el único gol olímpico en la historia de las Copas del Mundo contra nada menos que Lev Yashin, y de repente la Tricolor estaba ahí, clasificando a octavos de final en su regreso y demostrando que esa generación dorada no era solo promesa.
La Tricolor ya clasificó a la Copa del Mundo 2026 que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá después de cerrar las eliminatorias sudamericanas tercera con 28 puntos y una goleada 6-3 contra Venezuela en Maturín que terminó de limpiar el sabor amargo de la ausencia en Qatar 2022. Muchos colombianos ya visitan el sitio que se ha posicionado como el número 1 en Asia para conocer las cuotas de la selección mientras en Barranquilla y en cada rincón del país la gente empieza a contar los meses para ver a la Tricolor de Néstor Lorenzo intentar superar lo que se hizo en Brasil 2014 cuando Colombia alcanzó los cuartos de final por primera vez en la historia.
Si hay un momento que define lo que Colombia puede hacer cuando todo se alinea es el 28 de junio de 2014 en el Maracaná de Río de Janeiro. James Rodríguez recibió un pase largo de Abel Aguilar en octavos de final contra Uruguay y la bajó de pecho y se giró y sacó un zurdazo de volea que pegó en el travesaño y entró. Ese gol fue elegido el mejor del torneo y ganó el Premio Puskás y convirtió al cucuteño en estrella global de la noche a la mañana. La selección de Pékerman que había llegado a Brasil sin Falcao por lesión ganó los tres partidos de fase de grupos contra Grecia y Costa de Marfil y Japón sin que nadie pudiera frenarla. Venció 2-0 a Uruguay en el Maracaná y solo cayó en cuartos ante el local Brasil por 2-1 en Fortaleza, un partido lleno de polémicas arbitrales donde James marcó de penal el gol del descuento al minuto 80.
Colombia se fue del torneo con el quinto lugar del ranking y con el premio FIFA al juego limpio y con James como goleador del mundial con seis tantos. Los jugadores celebraban cada gol con una coreografía de salsa choque que se volvió viral y que el país entero replicaba frente al televisor porque esa selección representaba algo que iba más allá del fútbol, representaba la alegría colombiana exportada al mundo entero en su versión más pura.
Rusia 2018 empezó mal porque Carlos Sánchez vio la roja en el minuto tres contra Japón y el equipo perdió 2-1. Después vinieron victorias contra Polonia y Senegal que clasificaron a la Tricolor a octavos donde esperaba Inglaterra en un partido que terminó 1-1 gracias a un cabezazo de Yerry Mina en el descuento. La definición se fue a penales y Colombia falló tres disparos y se fue del mundial con esa sensación horrible de haber estado a un tiro de distancia de repetir los cuartos de final de 2014.
Después vino Qatar 2022. Colombia no clasificó y el país vivió cuatro años de frustración que dolieron especialmente porque la generación de James y Falcao y Cuadrado se estaba despidiendo sin poder darle a la hinchada un último baile mundialista. Néstor Lorenzo empezó a reconstruir con un equipo que llegó a la final de la Copa América 2024 contra Argentina y que en eliminatorias le ganó a Brasil 2-1 con dos goles de Luis Díaz y venció a Argentina 2-1 devolviendo la fe de que esta generación tiene con qué pelear arriba.
La clasificación se selló en Barranquilla con un 3-0 sobre Bolivia donde James abrió el marcador y Jhon Córdoba y Juan Fernando Quintero cerraron la cuenta en una noche donde el Metropolitano Roberto Meléndez volvió a ser ese fortín que los rivales temen como si el calor y el ruido fueran un jugador más. Colombia llega a su séptimo mundial con Luis Díaz como referente ofensivo y con James como capitán veterano que sigue teniendo esa zurda capaz de resolver un partido con un solo pase. La defensa creció en las eliminatorias y la ambición es superar los cuartos de final de 2014 en un torneo ampliado a 48 equipos que le da más partidos y más margen para crecer durante la competencia.
Lo que nunca le faltó a Colombia en un mundial es personalidad para jugar de igual a igual contra cualquiera y capacidad para producir momentos que quedan grabados para siempre. Millones de personas crecieron repitiendo el gol de Rincón a Alemania y el de James a Uruguay y ahora esperan que esta selección les regale un recuerdo nuevo que puedan contarle a sus hijos mientras comparten un tinto en la cocina de la casa como se ha hecho siempre en este país cada vez que la Tricolor juega.
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